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miércoles, 10 de octubre de 2012

Divina Añoranza


La ciencia se empeña en demostrar cada día que somos el producto de una casualidad, de un hecho cuántico, de un big bang o del capricho de una materia oscura en plena crisis de aburrimiento.

No digo que las diversas teorías no tengan fundamento, pues está claro que nos acercan cada vez más al origen de la materia, ni que la energía por si sola no sea capaz de interactuar para crear vida, ni que no existan un sinfín de universos donde la vida se hace presente a distintos niveles, pues está claro que formamos parte de un armónico conjunto de energías que se complementan y necesitan tanto como se desconocen.

Pero nuestra mente y su estructura tanto como nuestro corazón, no pueden concebir que no hubiere un principio, un origen o un motivo. Si nos liberamos de perjuicios religiosos y dejamos sus divagaciones y motivaciones a un lado, sólo nos queda pensar que llamémosle como le llamemos, existe algo puro eterno y divino fuera de toda teoría. Algo que en la soledad de su grandeza, seguro que lloraba la añoranza de compartir y expandir su esencia, para llegar a conocer la empatía que le llevara a compartirse a sí mismo.

No hay nada que hagamos o creemos donde no pongamos un poco de nosotros mismos, como no hay nada creado por él donde no esté presente, expandiendo su esencia por todo lo creado y sembrando la semilla, que lograra extender su grandeza y sobre todo que algún día volviera a él.

Quizás sea un poco arrogante decir que somos su culminación, que somos los únicos que hemos concentrado su gracia, que no existen otros mundos donde haya puesto su semilla. Pero al menos si podemos decir que aquí está presente y que somos sus hijos, pues todos llevamos dentro la caja de pandora que contiene nuestra alma y parte de su esencia.

Por eso existen en este mundo tantas almas que lloran su ausencia y que se resisten a sentirse abandonadas, almas que gritan cuan grande es la necesidad y la añoranza del encuentro.
La realidad es que le añoramos tanto como él nos añora a nosotros y sólo espero que algún día descubramos que es lo que nos separa. Quizás sólo seamos las víctimas de un proceso que tenemos que culminar, para que algún día la humanidad no conozca esta triste añoranza, por que hayamos logrado vivir con nuestras almas en consonancia con el creador.






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