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martes, 9 de abril de 2013

El Homo Hipócritus

La maldición de ser libre es la esencía particular del corazón de un alma encerrada, pues los mismos que añoran la libertad son los que se espantan al verla. La gente habla de cambios, de colmos, la situación es odiosa para todos, pero no se puede hablar así desde dentro de la propia culpa, como la mayoría de las cosas que hoy importan, esto también tiene el ingrediente maestro, la imagen. Da igual lo que hagas, cualquiera puede ser un revolucionario de pegatina, las bocas hablan y los hechos no cuentan, la ciudad está llena de gente que lo sabe todo sobre qué hay que cambiar, y la vida los cambia tan concentrados en parecer que la están mejorando, porque parecerlo es lo que importa...llamémosle el Homo Hipócritus. Las flores ya no sirven para ligar, ahora la personalidad más hipócrita y enfermiza es el dulce que se intercambia, parecer...es la palabra para lograr todo el éxito que tú quieras alcanzar.

Unos cuantos nos retorcemos en la soledad de mil aspectos, ya que el Homo Hipócritus es el tiburón que más abunda en este océano negro de grandes arrecifes llenos de tiendas. Nosotros somos a los que azotan los sargazos de pesadumbre, las olas que nos empujan y recuerdan que quien desencaje será apartado, mientras los poderes fácticos se limpian el trasero con lo que pensemos... pues eso también forma parte del marketing. Es un holocausto mental, nos están anulando y no solo eso, cada uno piensa que a él no, a él no lo están manejando, y se dará a si mismo las razones de turno...Es el nuevo esquema mental implantado.

Me da igual lo que piensen de mí, tendré que tragar para no decepcionar a los que esperan lo que DEBO hacer, pero todo tiene un límite, y no pienso ser un maniquí más al que le han dado libertad, y le han dicho cómo usarla. No pienso ser un fiel ciudadano ejemplar, un producto ni alguien vergonzoso por lo que piensen los demás. No es rebeldía, señores, no soy un Homo Hipócritus, esto no va de hacerse el alternativo, esto es defender lo que yo llevo dentro y nadie tiene narices de decir.



Os dejo unas imágenes para que los falsos (Homo Hipócritus) repitan una vez más: "AY, QUÉ PENA".






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