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domingo, 27 de octubre de 2013

Amor reseco

El tiempo continúa revoloteando incesante disfrutando de la cuerda que me ata al cuello, asfixiándome con su inexplicable avance, inexplicable porque me arrastra, recordándome cruel y lascivamente que todo lo que se mueve tiene una explicación menos yo, las personas que bailan y se mueven en este complejo baile de máscaras completan la sádica comedia cuya coreografía desentona con la extraña danza perdida de mis ojos surcando dudosos, agotados e inseguros un horizonte lleno de cosas que no me llenan, mofándose lujurioso de mi extraña existencia que a su vez, parece y es así, vacía y sin explicación...Estás en todas partes, en cada idea y cada chispa de mi imaginación, en cada irresponsable decisión, habitando dentro de mi alma glacial, helada de cosas que hacías que valiesen la pena. Allá donde mi pie camina se encuentra la huella de otra sombra y es por ello que no puedo posarme en ningún balcón sin sentirme solo, sin admirar desprovisto de comentarios el horizonte que todos ellos tienen, porque a pesar de que estés, no estás para oir tales opiniones. Quizá este sea el modo de vivir que me brindó la vida, quizá sea el modo en que yo soy y tú eres, o quizá sea la perfección que creaste sobre ti dentro de mí la que provoca la ausencia de nada parecido. El amor reseco de todas las cosas de este mundo que pretenden dármelo me lo demuestran, inservibles...Pues no hay manera de quererte más que darte mi vida sin dártela, y viviendo sin vivir tu vida con la mía... 

"Aún se me cuela tu nombre, cuando el cielo está gris"







jueves, 10 de octubre de 2013

LA MENTE

La mente; el yo tras la pared, la pura intimidad, la prisionera esencia de un mar de sentimientos,  tan inmensa,  tan profunda. El eterno vacío repleto de nuestro ser,  mi yo desconocido. Sí yo, su embrión.
Eres la placenta donde nada nuestra alma, su cárcel, su libertad y la fuente de la que bebemos la vida, así como lo primero que entregamos a la suerte de ésta.

Pasamos por la vida nadando hacia fuera cuando nuestro mar fluye hacia dentro, nos preocupamos sólo de saber lo necesario para luchar contra la corriente y que reluzca nuestra barca lo más alto posible en cada ola, aunque nadie sepa quién va verdaderamente dentro, ni siquiera nosotros y cada vez nos hacemos más pequeños en la lejanía de nosotros mismos mientras nuestra alma llora la pérdida.


Es triste vivir y morir sabiendo que sólo has sido un embrión que renunció a crecer por miedo a nadar en sus propias aguas, por miedo a escucharse a sí mismo, por miedo a conocerse, por miedo a encontrarse. Es tan fácil comer de lo aparente que no nos importa renunciar al esfuerzo y esperar otra oportunidad con la excusa de: “A mí nadie me dijo nada”, pero: ¿la tendremos?


Son muchos los que recordaran mi barca, pero muy pocos los que sabrán algo ínfimo de mí y no mucho menos que yo.