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viernes, 29 de noviembre de 2013

CUANDO LOS HIJOS VUELAN

La noche se disuelve al tiempo que la aurora te atrapa y el día te reclama. Los sueños se evaporan y te invaden sus secuelas. Abres los ojos y la mañana se llena de amor y añoranza danzando en un baile donde el miedo y la fragilidad conspiran para que no dejes de preguntarte:

¿Cómo estará?, ¿Cómo han sido los últimos momentos que desconozco?, ¿Seguirán envolviéndole aires de protección y moralidad?, ¿Lo seguirá tratando la felicidad con un mínimo de complicidad y la vida con vehemencia y bondad?.

La bruma del amanecer saciada de tu esperanza te confiesa al oído que sí, que todo sigue bien, que la maldad del destino no ha reparado en él y que probablemente nunca lo haga, pero ante la inseguridad te afanas por seguir tejiendo el manto que nunca terminas.
Luego, cuando el sosiego se esparce y el corazón descansa, cambian las preguntas.

¿Cuándo cedí a la vida esa parte de mí ?.
¿Cuándo dejó de ser tierra para convertirse en aire fresco dueño de su brisa?
¿Cuándo de ser mi quietud pasó a convertirse en mi debilidad y en el artífice de mis miedos?
¿Cuándo se abrió la crisálida y sus alas se tintaron de ilusión y deseos por la corrección de mis propios defectos y errores, dando forma a una esperanza llena de sueños?.
¿Cuándo saliste de mi manto y te adoptó la vida para morar en su casa, otorgándote un futuro cuyo destino sólo puedo desear y donde no habitaré?.
¿Cuándo has dejado de crecer en mi ventana, llenando mis ojos con la esperanza del día que tu presencia confirme el amor que me arraiga a la vida?.

Te remueves entre mantas protectoras y piensas que su calor sólo te abraza a ti. Las retiras con culpable pereza y te levantas inquieto pensando que para él también comienza un nuevo día, por el que a bien seguro caminará con el viento y la fuerza de tu amor pegado a su piel.
 Sentado al borde de mi cama y antes de volver a mi propia realidad pienso:

¿Cuándo te hiciste hombre y me convertí en viejo para mi vida y joven para la tuya?, ¿Cuándo me enseñaste a ser padre sin que me diera cuenta?, ¿Cuándo perdí el control y tomaste los mandos de mi seguridad?, ¿Cuándo te convertiste en el dueño de mi estabilidad?.

Siempre caminaré a tu lado apoyándote con la esperanza de que mi anhelo se convierta en realidad, y la certeza de que tu futuro siempre será el mío aunque completo no lo viva.
….Te aclaras la cara con agua fría y piensas, “tengo que llamarlo”…… y das gracias a la divina complicidad.




domingo, 10 de noviembre de 2013

NO TE RINDAS

A veces la vida te castiga por ser demasiado noble para su tiempo, o quizás por ocupar un determinado lugar en los caprichos del destino, o simplemente porque te toco pagar el castigo de otros en un momento en el que la ira de Dios, buscó un alma limpia donde las heridas dejaran huella.

Alguien decidió poner a prueba tu alma y con ello el llanto de la nuestra, negándonos tu luz atrapada en una triste y desolada trinchera, ciego en la creencia de que solo basta con resistir el envite tras el escudo mientras quede aliento, pero tanto la vida que te arremete como los que te añoramos, sufrimos egoístamente por la pérdida de la alegría y el calor de tu alma.

Piensa que tus escenarios se deshicieron porque no estaban izados en el camino correcto, y que la meta no está en los mejor señalizados y asfaltados, sino en los que construyes cuando caminas contigo, esos en los que la felicidad te paga en cada peaje.

No llores por lo que no te pertenecía y da gracias por tener la oportunidad, de encausar tu vida  y no haber vivido hasta el fin la de otros. Busca lo que eres y recuerda lo que ignoraste.
Derriba las trincheras, encara la vida, camina con orgullo y abate los puños que te golpean. Avanza de nuevo con paso firme y otórganos la ilusión de hacerlo a tu lado, no queremos ni podemos seguir siendo los desheredados de tu esencia.
¡Vuelve!